
Érase una vez una princesa de cuento de Hadas. Una preciosa mujercita con cara de ángel, ojos almendrados y dulce sonrisa. Su cabello brillaba bajo el sol y su piel resplandecía como las gotas del rocío. Los súbditos del país del cuento de hadas no sólo admiraban a la princesa por su belleza, también por su bondad. Siempre tenía una palabra amable y/o un mendrugo para los pobres. Jamás se quejaba, nunca dijo una palabra malsonante. Nada incorrecto. Jamás la vieron enfadada. En realidad, nadie la vio hacer NADA que no fuera perfecto.
Empezaron las habladurías. La llamaban Princesa de Hielo. Las historias, los rumores sobre ella pronto inundaron todo el pueblo. Se decía que no tenía corazón, incluso alguien, nunca se supo quién, comentó haberla visto llorar gotas de sangre. TODOS hablaban sobre ella, NADIE se atrevía a preguntarle.
La princesa está triste porque escucha lo que los suyos dicen de ella pero nadie se lo confiesa. No entiende cómo después de todo lo que ha hecho por ellos sólo reciba TEMOR y DESCONFIANZA. A ella nunca la preguntaron cómo se sentía. Simplemente tenía la obligación de ser lo que se esperaba de ella; siempre correcta y misericordiosa. Así es como empezó a olvidarse de aquella parte de sí misma: su corazón. Detrás de esa hermosa imagen se encontraba un corazón viejo y seco, que apenas latía. Excepto en aquel momento, cuando sintió esa punzada de dolor por la traición de aquellos que decían adorarla. Por primera vez se miró en el espejo y una lágrima rodó por su mejilla. Agua de decepción de un corazón que no había aprendido a pedir ayuda…
Pum, pum…escuchó la princesa. Pum, pum… ¿qué es eso? – se preguntaba - pum, pum…La princesa, asustada, corrió, lejos muy lejos. Ese ruido no paraba de retumbar en su cabeza. Siguió corriendo. Llegó un momento en que , aunque sus piernas ya no le respondían, el sonido cada vez era más fuerte. Así que se limitó a correr sin rumbo, cada vez más y más deprisa. Lo que fuera estaba cerca, así que corría cada vez más rápido.
Pasaron días, noches y nuestra princesa no podía parar por miedo de ser atrapada. Hasta que llegó al Fin del Mundo y tuvo que detenerse. Entonces ocurrió: pum. Y dejó de escuchar ese sonido aterrador. Cerró los ojos aliviada y se dejó caer, agotada…
Nuestra princesa escuchó por primera y última vez su corazón . . .
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Creo que nos sucede a todos, el ser la oreja y el hombro de tus amigos, pero siempre hay que saber pedir lo que ofrecemos (cuestion de equilibrio) ahi es donde los verdaderos amigos se conocen y no solo aquellos que cuando necesitan de ti te usan.
tomate tu tiempo de oir tu corazon, no necesitas ir al fin del mundo para oirlo, solo detente un poco y veras…
besos
MUY LINDA HISTORia felicitaciones al que la escribio besos
Muchas gracias Jimena. Me alegro de que te haya gustado, me reconforta que mis palabras os lleguen de una u tra forma
yo creo que la princesa estaba muy triste por lo que le decian si hubiese dialogado con su pueblo la habrian entendido……
El miedo a veces nos paraliza, ésa es la fortaleza que todos debemos encontrar para enfrentarnos a lo que nos paraliza y así poder encontrar la mejor solución.
Un saludo Andrea
Como decia la cancion de soraya- CASI: ” Cuando solo escuchas el latido de tu corazon, encontraras entre su ritmo y el silencio, la razon.
Muy lindo cuento!!
saludos
Buena anotación
saben q´todos tienen corazon aun q´ no lo crean
Algun@s se pasan la vida escondiéndolo que se olvidan que lo han tenido alguna vez y sólo se acuerdan de él cuando ya es demasiado tarde…