Era una de esos días que me gustaban, nublados pero donde el sol de vez en cuando se escabullía y conseguía asomarse entre las nubes que lo tapaban. Ni frío ni calor. Una suave brisa acariciaba mi cara . Mi corazón latía fuertemente y una presión en el pecho me recordaba que la ansiedad de la incertidumbre volvía a acecharme Ya sabía que cuando amanecía con esa sensación no podría deshacerme de ella en el resto del día. Estaba acostumbrada, en realidad, se había convertido en una rutina. Pero aquella mañana había algo más y no sabía que era. No sólo era esa sensación asfixiante como si una enorme piedra me aplastara el pecho y me impidiera moverme. No sólo era esa sensación de que en cualquier momento iba a expulsar lágrimas de mis ojos como un aspersor en una tarde de verano. Había llegado el momento y no estaba preparada.
Soy fuerte, independiente, creativa, trabajadora…feliz, bueno, al menos de vez en cuando experimento algo parecido a lo que el “mundo” describe como felicidad. Fuerte porque no tenía alternativa, independiente porque nunca se me ha dado bien lo de dar explicaciones y menos aún el que alguien controlara mi vida. Creativa…umm…supongo que el crear siempre supuso un respiro en mi existencia. Trabajadora…¿es que tenía alguna otra alternativa? Disfruto con el fruto de mi esfuerzo. Feliz…bueno eso ya lo he dicho antes. Está sobrevalorado.
Me autoengaño, lo sé. Pero es más fácil odviar lo que tienes delante de las narices que arriesgarte a ser rechazado, a equivocarte, a esforzarte por algo que probablemente no te reporte ese ansiado “instante de felicidad”. Así que huyo, corro en dirección contraria con todas mis fuerzas hasta encontrar ese pequeño rinconcito del mundo dónde me encuentro a salvo. Allí donde puedo ser yo misma, acurrucarme como cuando era pequeña y esperar a que el silencio tranquilice todas mis ganas de vivir. Cuántas veces había soñado en quedarme allí y no volver más.
Esta mañana estaba nerviosa, me costaba respirar. Otra vez ese maldito latir. Así que decidí dar un paseo para “aclararme” las ideas. Vivo cerca de un pequeño bosque. Ventajas de ser una adicta al trabajo y una fan incondicional de la soledad. Mis pies comenzaron a caminar y yo intentaba centrarme en …nada. Vaciar mi mente. Siempre funcionaba. De repente, me dí cuenta de que había tomado un camino alternativo. El paísaje se me hizo extraño e incluso, hostil. Y allí estaba: delante de dos caminos, uno hacia la izquierda otro hacia el lado contrario. El sol ya estaba totalmente tapado por la nubes y la suave brisa empezó a transformarse en una corriente de aire helad. Sino fuera porque era imposible diría que incluso que estaba a punto de anochecer. Pero no, había sonado el despertador apenas un par de horas… ¿verdad? Ya no estaba segura.
Allí estaba. Frente a mí dos caminos ¿cuál escogía? ¿Y si volvía hacía atrás? Sí , eso era lo más sensato, no tenía ni idea de dónde me encontraba y aquellos dos caminos no sabía hacía dónde me llevaría. Así que me dispongo a rehacer el camino que había realizado. Lo imposible se produjo, se hizo de noche. Apenas podía ver lo que tenía delante, hasta que las nubes permitieron que la luz de la luna me guiara y entonces ocurrió algo que me dejó helada. No podía ser. Ante mí se volvieron a presentar los dos caminos que había decidido ignorar.
Así que se sentó y fruto de la desesperación empezó a llorar. Sus lágrimas brotaban sin cesar de sus ojos y pronto empezó a mojarse la blusa. Las lágrimas se deslizaban por todo su cuerpo, recorrian su cuello, sus pechos , sus piernas…hasta llegar al suelo. Estuvo tanto tiempo llorando que empezaron a cristalizarse y a formarse una sólida capa alrededor de ella. Pronto estuvo recubierta de una capa tan espesa que apenas podía moverse. Poco a poco el cansancio hizo que se durmiera y por fin…pudo olvidarse de todo. Lo que siempre quiso se lo dió el bosque, una capa dura que le protegía de todo lo externo y un sitio dónde poder disfrutar de la soledad.
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Muy bueno, y según he ido leyendo, me ha recordado a escritos que un día empecé o que nunca acabé, o a historias que se han quedado a medias en mi cabecita. Sinceramente Bárbara me quito el sombrero, me ha gustado bastante, porque también me he podido identificar en el escrito…
Pero, también quiero decirte, que para mi tienes un defecto en la historia, que es que has empezado en primera persona, y en el último párrafo la has cambiado a tercera persona,no sé si lo has hecho a propósito, pero desorientas al lector, excepto esto, en general me ha gustado mucho… Cuídate y besotes.
Att. Ruul
hola Ruul, me alegra que te haya gustado
Respecto a la primera y tercera persona que he utilizado, efectivamente lo he hecho a propósito. El personaje se queda sin “voz” en la historia y es el narrador el que nos permite “ver” lo que sucede en la historia. Es una opción que decidí mantener aunque era consciente de que algunas personas no lo entenderían. Igualmente gracias por tus palabras
Mira, ahora que lo dices, sí que lo entiendo, ahora que lo he vuelto a releer y al llegar a ese párrafo me he dado cuenta, anteriormente al leerlo con menos detenimiento, pues lo habré pasado por alto, pero tienes razón…