Un día desperté y ya no te necesitaba.
Noto el frío de la habitación vacía. Y por extraño que parezca me siento aliviada. Tardé mucho en darme cuenta de que ya no los necesitaba. Por un tiempo, me hacían sentir segura. Disfraces de una vida acostumbrada a llevar una bonita, perfecta máscara. Cuantas más cosas acumulaba menos era yo misma.
Y entonces lo supe.
Primero fueron las joyas, los adornos, mis ropas. Fuera zapatos, libros , recuerdos e historias. Fuera maquillaje. Todo fuera. Poco a poco abandoné cada capa que me mantenía atrapada
. Pronto me di cuenta de que solo necesitaba lo que llevaba puesto, una libreta y un lápiz.
Cerré la puerta de esa habitación vacía y dejé que el frío húmedo me invadiera. La sentí como si fuera la primera vez. Seguramente lo era.
Ya no te necesito más.
Recorro las calles con lo puesto. A veces escribo, otras leo, otras simplemente Observo. Dejo que el viento me guíe , la escucho, la siento, incluso la lloro.
Un día desperté y ya no te necesitaba. Un día me miré al espejo y ya no estabas.
Y ahora camino sola para así poder seguir caminando.
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