Recuerdo un espejo en mi habitación. Uno grande, enorme ante los ojos de una niña de 4 años. Y recuerdo una imagen que siempre estaba ahí acompañándome, cuidándome detrás de ese frío cristal. A ella le dedicaba muchas de mis horas libres después de la escuela. Con ella empecé hablar, interpretar y vivir historias que hasta entonces sólo existían en mi cabeza. Pronto se convirtió en mi mayor confidente , a ella le contaba mis penas y lloraba mientras contemplaba su imagen triste, con lágrimas de empatía. Ella sufría pero a la vez me animaba a ver la verdad en su mirada. Ella iba a estar allí siempre que la necesitara.
Las lágrimas se mezclaron con las risas, con los sueños de amores imposibles y primeros besos fríos en aquel espejo. Con ella podía ser quién quisiera, todo era posible posible , sólo tenía que creerlo. A veces, cuando me sentía sola la miraba y sin decir nada, nos contemplábamos durante horas. A veces, cuando me sentía sola, necesitaba encontrarme con la verdad cara a cara.
Nunca hubo un público más fiel. Si quería que se rieran, carcajadas se oían por toda mi habitación. En cambio, si aquel día interpretaba un drama, pequeños sollozos se escapaban; silenciosos suspiros por una triste canción. Pero las románticas eran sus preferidas, notaba como contenían el aire a la espera del beso final.
Un día, aquel espejo desapareció, no sé exactamente cuándo. Tampoco recuerdo en qué momento me dí cuenta de que ella ya no estaba. Simplemente desapareció. No hubieron gritos desconsolados por su pérdida ni preguntas acerca de su paradero. Sólo un vacío en la pared. Cierto es que tengo muchos más espejos en el resto de la casa pero ninguno como ese, ninguno en mi habitación.
Recuerdo un espejo grande. Un espejo lleno de historias que ahora escribo en un trozo de papel, en espera de que alguno de sus personajes me mire como aquella niña detrás de aquel frío espejo. El espejo de mi habitación.
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Eso es. Nunca encontrarás un público más fiel que tú, amiga. Lo tuyo es un espejo lo mío no lo recuerdo, pero algo habría, un cuaderno, una caja, un libro…
Consérvalo (el recuerdo)
Besos
Busca aquella mirada que te tranquiliza y que te lo cuenta todo…y cuando la encuentres no la pierdas porque entonces estarás buscándola entre los ojos de la multitud, esperanzado de que vuelva. Muchas gracias por tu comentario Angel. Un beso
El espejo es un pozoo, una ventana enorme, donde ocurren cosas insólitas. tu le diste forma, fondo lo habitaste y le diste vida. Prosa breve que corre sin tropiezo.un abrazo Rub
Las cosas ocurren si quieres que sucedan. Muchas gracias por tus palabras Rub. Un beso.
Barbs
El reflejo tiene un valor intrínseco para el ser humano y la personificación del mismo nos lleva a una nueva dimensión de conocimiento. Todos debemos buscar nuestro espejo, ése al que Alicia dirige su mirada antes de entrar en el País de las Maravillas…
Aplaudo tu sensibilidad, Bárbara.
Un fuerte abrazo
Muchas queremos ser Alicia y descubrir nuestro propio país de las maravillas
Muchas gracias Tania
Contribuiré con otra imagen para complementar tu bonito recuerdo. Espero que te guste tanto como a mi lo que escribes
http://1.bp.blogspot.com/_zkH4TvfSoug/TBrYUxDRqZI/AAAAAAAAAHk/A3hRdfh_Ssw/s1600/espejoestesi.jpg
Barbarita es la triste realidad de crecer, todos nuestros suenios de infancia, nuestras cosas secretas que son tan increibles y podemos como en tu caso compartir con un espejo desaparecen cuando descubrimos la razon. es como si ese espejo abriera puertas a un mundo que solo siendo nino podemos acceder y que es prohibido al alcanzar una cierta pubertad. tu relato es lindo pues abre la puerta a los recuerdos personales que cada quien vivio en su infancia…
otra vez gracias por hacernos pensar..y revivir esos momentos…
besos
Carlos
Efectivamente, es de lo que trata el post, de la perdida de la inocencia de la infancia. No sabemos cuándo ni cómo y, muchas veces, ni le damos importancia a esa perdida. A otros, nos persigue durante el resto de nuestras vidas.
Muchas gracias a ti Carlos. Un beso.
Prometo RT para tu historia, a mi no me faltó el espejo en el cuarto y contaba con uno que era como una caja de reflejos donde introducía mi cabeza y me observaba de diferentes angulos pudiendo ver hasta como me obserbava el mundo, desde abajo, arriba, de espaldas, de perfil, era genial, gracias por refrescar mis recuerdo.
A veces pienso que ese espejo es nuestro ego de “artista” ese que nos quiere y nos odia a la vez. Muchas gracias por tu comentario