Ausencia: Adiós

El amor no muere, se transforma. 

Abraza el adiós porque sólo es el principio. 

La pérdida se transforma, el adiós es sólo el comienzo

El amor se queda junto con el recuerdo de esos momentos en que las palabras se quedaron mudas.

Empieza a borrar esa ausencia con la que te has sentido tan cómodo hasta ahora y busca la verdad que te liberará. Renace de las cenizas de la ausencia. 

Vive el momento, abraza el adiós . 

El camino más difïcil que te encontrarás sólo tú puedes superarlo.

Deja atrás, abraza el recuerdo, sonríe al presente. Espera la oportunidad del mañana. 

Permítete el nuevo camino que se presenta ante ti.

Perdona el adiós.

Palabras que retumban en el silencio del recuerdo, que no del olvido. 

Recuerdo tatuado en tu piel, memoria de los momentos vividos. 

Un abrazo ausente, un adiós presente .

Acéptalo.

Ausencia: deconstrucción

Destruir. Construir. 

Paradoja.

Recoger las piezas y unirlas en un nuevo puzzle, en una nueva dimensión, en una nueva consciencia. 

La mente destruye con igual intensidad que construye. 

Dejar atrás aunque falten piezas. 

Buscar nuevas piezas sin olvidar.

Avanzar. 

Llegó el momento de deconstruirse

de Pensarse

de Reconciliarse 

de Transformarse

Y aunque la imagen en el espejo esté rota en mil pedazos recojamos, construyamos. 

Deconstruyamos la ausencia.     

Ausencia: perdón

Cada día se miraba al espejo y veía cómo rodaba por su mejilla.

Una lágrima, una sola lágrima.

Sentirla en la piel, como muere en la comisura de los labios,

sentir la explosión final cuando desaparece.

¿A qué sabe el perdón?

A sal.

Al perdón hay que dejarlo caer, sentirlo en la piel y aceptarlo,

como un beso agridulce, salado en tus labios.

El perdón que pesa, que se resiste, es el que cae en tu piel,

no en el de los demás.

Permítelo,

permítetelo,

siéntelo,

saboréalo.

Es tuyo

Al desaparecer, al igual que la lágrima cuando rueda por tu mejilla,

te sentirás liviano, desnudo en tu nueva piel.

Sin el disfraz que impedía sentir la libertad del perdón.

Llegado el momento, quítate el disfraz,

déjalo en la cama

y siente la verdad en tu piel.

Deja la oscuridad detrás de ti, en un pasado que ya no existe,

en una lágrima que ya ha rodado.

Abraza el perdón, deja que forme parte de tu piel.

A partir de ahora soys uno.

Caminad juntos sin miedo.

Versión audio del post Ausencia: Perdón

Ausencia: dejar marchar.

Hachiko es una de las historias más conmovedoras sobre el amor y lealtad de un perro a su amo que nunca regresó a la estación donde siempre se reencontraban al final del día. Hachiko no sabía que su amo nunca regresaría así que le siguió esperando día tras día a que regresara. 

La pérdida de un ser amado es una experiencia desgarradora. Lo más difícil no es aceptarlo, el tiempo se encarga de enseñarte a aceptar lo inevitable. Lo más difícil es dejarlo marchar. Existe el peligro de quedarnos esperando en esa estación viendo los trenes pasar. 

Soltar. Dejar marchar. Vivir. 

Ha llegado el momento de empezar a despedirnos de esta Ausencia que nos ha acompañado durante estas últimas semanas. Una despedida llena de luz, reconfortante, porque lo importante es haber compartido aunque ya no esté con nosotros.

Es hora de dejar marchar y empezar a llenar esa ausencia con recuerdos que nos acompañarán cada día. 

Ha llegado el momento de dejar marchar.

Sentir y aceptar lo que nos queda, mirar hacia adelante.

Dejar marchar no es olvidar, es elegir recordar, es llenar esa ausencia con recuerdos que te reconfortan cada día.

Sentir el calor de lo vivido.

Ausencia, ha llegado el momento de dejarte marchar.

Ausencia: Pérdida y Rendición.

La rendición siempre te ofrece una segunda oportunidad.

Aceptar lo que es. Dejar de luchar contra un pasado que ya no existe.

La aceptación como estado de no resistencia.

Quisieras huir del dolor profundo, dejar de sentir. Pero al negarte al dolor emocional todo a tu alrededor se contamina.

La situación no provoca sufrimiento es tu resistencia la que lo alimenta.

Aceptar el dolor.

Permitírtelo.

Rendirse a cualquier forma que adopte el sufrimiento ya sea desesperación, miedo, tristeza…

Abrázalo, forma parte de ti.

Céntrate por un instante en lo que sientes, olvídate de lo que lo provocó. Siéntelo, exprésalo y atraerás luz a esa oscuridad.

Suena tan fácil ¿verdad? Y es lo más difícil a lo que te vas a enfrentar.

Sólo cuando has sentido el vacío de la pérdida puedes ser consciente del gran reto que supone rendirse a lo inevitable.

Cuando nos enfrentamos a una situación extrema nos resulta muchas veces imposible de aceptarlo. El dolor es tan insoportable que nuestra mente se escuda en recuerdos pasados .

Muchas veces el vacío y el miedo se convierte en oscuridad.

El tiempo se para y todo a tu alrededor se desfigura en formas y sonidos grotescos, sin sentido.

Tormenta en el alma.

Aprender a vivir con el vacío. Centrarse en lo que queda.

Mirarte en el espejo y seguir adelante porque la vida vale la pena vivirla, a pesar de todas las dificultades.

Brillar con el alma rota.

Ausencia: Abrazos Ausentes

Te echo de menos. Echo de menos el sentir, el sentirte, el sentiros. Estamos cerca pero nos sentimos lejos.

Echo de menos los reencuentros, las sonrisas y el dolor de las costillas al apretarnos fuerte el uno contra el otro.

El contacto nos hace sentirnos parte de algo más grande. Lo que hace sentirnos vivos.

Y nos convertimos en zombies deambulante , sin rumbo, en busca de todos aquellos abrazos ausentes.

Abrazos no dados, abrazos no sentidos, abrazos lejanos , abrazos perdidos. Porque esos abrazos nunca los podremos recuperar, tienen fecha de caducidad: un instante.

Vendrán otros abrazos , tarde o temprano, pero muchos han quedado huérfanos y ni el recuerdo nos ayudará a recuperarlos.

Abrazos virtuales que saben a poco, abrazos pendientes que nos agotan cada día un poco más.

Y hasta que podamos volver a abrazarnos escucha mi voz y aprendamos juntos a darnos el abrazo más importante de nuestras vidas.

Ausencia: gritar

En las noches de luna llena noto su presencia, su alargada sombra en mi cama.

Sé que estás ahí pero el miedo y la impotencia me paraliza. Miro al techo y veo como te arrastras como una cucaracha. Te veo y quiero aplastarte.

Me ahogo y te miro en silencio. Observo como te mueves, como marcas tu terreno asegurándote tu presencia.

Me asqueas.

Quisiera enfrentarte, gritarte, aplastarte con todas mis fuerzas.

Y entonces noto como creces y te colocas sobre mi pecho y soy incapaz de aplastarte.

Cierro los ojos, respiro y trato de ignorar que noto como tus patas tocan todo mi cuerpo.

Ignorar.

Cerrar los ojos.

Dejar que pase.

Esperar a que la luna llena mengüe.

Excusas.

Abro los ojos y noto el peso de tu cuerpo sobre mi pecho. Y aunque las lágrima pesan, mis ganas de aplastarte por una vez es más fuerte.

Arrástrate, me digo, busca las fuerzas dónde no creías que tenías. Existen, porque eres más fuerte de lo que pensabas.

Pensar.

Deja de escuchar a tu mente.

Concéntrate en lo que ahora importa: aplastar a esa cucaracha y si tienes que gritar , grita.

Y si tienes que preparar tu cuerpo para la batalla, hazlo. Quítate la ropa, piel con piel.

Que no quede rastro de su sombra.

Disfruta del momento, de la victoria de hoy. Mañana será otro día.

Y recuerda: tu mente es la extensión de su sombra.

Tu mente forma parte de ti por lo que esa sombra te pertenece. Y como dueña que eres. su existencia sólo depende de ti. Pero esa es la batalla de mañana, la de la consciencia.

Hoy he ganado la batalla pero no la guerra.

Esperaré a la próxima luna llena. Estaré preparada, te estaré esperando.

En la próxima luna llena estaré preparada para ganar la próxima batalla.

Te miro a los ojos, miedo. Aquí estoy.

Ausencia: miedo

Y vino sin ser invitado y sin preguntar se quedó a hacernos compañía.

Nadie se atrevió a enfrentarle

nadie le invitó a marcharse de nuestro lado.

Días en silencio, compartiendo aliento. Noches abrazados por su presencia.

Respira , acéptalo , camina.

Te miro a los ojos compañero.
Mírame tú también
caminemos juntos cogidos de la mano
Seamos compañeros de viaje, de vida,
de aliento compartido.
Te miro, me miras.
Caminamos.
Ya no estamos solos.

Hazlo aunque tengas miedo, avanza aunque sea en su compañía.

Mírale a los ojos y cógele de la mano.

Caminad juntos, avanza con él como compañero de vida.

Avanzad juntos.

Ausencia: Aceptación

Mi corazón late con fuerza. 

Siento como me ahogo en cada latido, en cada bocanada de aire que entra en mis pulmones.

Cada pisada pesa más y más.

La sombra alargada de mi alma atrapada en esta cárcel sin paredes.

Y en estos días en que el sonido de las sirenas no me despiertan en medio de la noche recuerdo los pasos del dolor que me acompañaron bajo el manto de las estrellas.

Dolor. Duelo. Aceptación.

Tristeza. La sombra alargada que me acompaña, fiel compañero.

Rabia. Los gritos ahogados en cada latido.

Perdida. El peso del miedo en cada paso.

Impotencia. Camino sola en la penumbra de mis pensamientos.

Ausencia. Recuerdos de lo perdido.

5 pasos a los que enfrentarme.

No hay mayor enemigo que tu reflejo. 

Nadie puede ayudarte, ésta es tu lucha. 

Es el momento. 

Ausencia: Cama deshecha

Los días se repetían y la espera se alargaba entre las sábanas de una cama deshecha.

Una cama como estación abandonada y el vacío como único amante.

Los días se vistieron de noche

Pasan los días y la cama deshecha. Una vida parada entre edredones de eterna espera.

Un pijama como uniforme, un dormitorio donde las horas pasan como trenes sin parada.

Ausencia: Silencio

El silencio lo engulló todo. Las palabras pesaban y aprendimos a esperar. 

Y callamos porque las palabras ya no tenían sentido. Esperamos a que volvieran , a que el silencio las dejara abrirse camino. Silencio y espera.

Palabras Ausentes 

Y de repente… Ausencia

Nuestras vidas cambiaron. El miedo vino para quedarse. 

Y nosotros le dejamos. 

Ausencia: Intimidad

Inesperada intimidad prolongada.

Y nos quedamos sin tener que decirnos, sin palabras que aportar a este silencio abrumador.

Pero en la intimidad de estas cuatro paredes las palabras sobran.

Y ya sólo queda esperar.

La intimidad de una cama vacía con el único manto que la soledad.

Ausencia: la vida desde la ventana.

Los días se acumulan como se acumulan los platos en la pila, inertes, sucios del uso diario. Estas cuatro paredes me ahogan cada día un poquito más. La noción del tiempo se vuelve relativo y mis acciones se repiten tal autómata.

Pero un rayo de sol asoma por mi ventana y tal cual un arcoíris fuera me acerco para sentir su calor en mi piel. Ese lugar se ha convertido en mi sala de juegos, en mi via de escape de esa realidad oscura que me oprime día a día.

Afuera de esos límites una vida ajena a la mía, me veo observando cada paso , cada movimiento que ocurre delante de mí. ´Nunca me había parado a observar´, pienso, y me maravillo con la cotidianidad de lo que me rodea. En realidad nunca había prestado atención a esa pequeña ventana hasta que no hubo mas remedio. Me paro y observo. Vida más allá de mi propia existencia, vida más allá de mis lamentos entre esas cuatro paredes.

Ha tenido que ocurrir lo inimaginable para mirar más allá de mis ojos

¿alguna vez me había parado a simplemente observar el viento acariciando las calles , a los rayos de sol posándose en el banco enfrente de aquella ventana? No. No tenía tiempo o eso me repetía constantemente.

La vida se ha parado , dicen , por una situación extraordinaria y la sensación que tengo es que una situación extraordinaria me ha permitido pararme a mirar la vida desde la ventana.

Ausencias, consecuencias de una pandemia

Llevo tiempo pensando en cómo expresar todo lo que he vivido durante este año de pandemia que a todos nos ha afectado de una u otra manera. Emociones que todos hemos experimentado alguna vez. ¿Y cuál seria el nexo de unión entre todas esas emociones? Ausencia.

Ausencia será el denominador común de todos los relatos e imágenes que voy a ir publicando en las próximas semanas. La necesidad de expresar todas estas emociones e intentar que al menos te identifiques sino con todas con algunas de ellas para que no te sientas solo en este camino.

Nos olvidamos muchas veces que somos animales y que como tales, la necesidad de interactuar, de sentir a tu especie es algo innato en nosotros. Pero como especie en constante evolución deberíamos pensar en todas esas ausencias como oportunidades. Oportunidad de descubrir y valorar todo aquello que dimos por sentado. Oportunidad de descubrirnos a nosotros delante del espejo.

Te invito a que camines conmigo en este viaje introspectivo fragmentado en una serie de piezas que como un rompecabezas podrás escoger pieza a pieza y decidir dónde colocarlas.