Ausencia: la vida desde la ventana.

Los días se acumulan como se acumulan los platos en la pila, inertes, sucios del uso diario. Estas cuatro paredes me ahogan cada día un poquito más. La noción del tiempo se vuelve relativo y mis acciones se repiten tal autómata.

Pero un rayo de sol asoma por mi ventana y tal cual un arcoíris fuera me acerco para sentir su calor en mi piel. Ese lugar se ha convertido en mi sala de juegos, en mi via de escape de esa realidad oscura que me oprime día a día.

Afuera de esos límites una vida ajena a la mía, me veo observando cada paso , cada movimiento que ocurre delante de mí. ´Nunca me había parado a observar´, pienso, y me maravillo con la cotidianidad de lo que me rodea. En realidad nunca había prestado atención a esa pequeña ventana hasta que no hubo mas remedio. Me paro y observo. Vida más allá de mi propia existencia, vida más allá de mis lamentos entre esas cuatro paredes.

Ha tenido que ocurrir lo inimaginable para mirar más allá de mis ojos

¿alguna vez me había parado a simplemente observar el viento acariciando las calles , a los rayos de sol posándose en el banco enfrente de aquella ventana? No. No tenía tiempo o eso me repetía constantemente.

La vida se ha parado , dicen , por una situación extraordinaria y la sensación que tengo es que una situación extraordinaria me ha permitido pararme a mirar la vida desde la ventana.

Ausencias, consecuencias de una pandemia

Llevo tiempo pensando en cómo expresar todo lo que he vivido durante este año de pandemia que a todos nos ha afectado de una u otra manera. Emociones que todos hemos experimentado alguna vez. ¿Y cuál seria el nexo de unión entre todas esas emociones? Ausencia.

Ausencia será el denominador común de todos los relatos e imágenes que voy a ir publicando en las próximas semanas. La necesidad de expresar todas estas emociones e intentar que al menos te identifiques sino con todas con algunas de ellas para que no te sientas solo en este camino.

Nos olvidamos muchas veces que somos animales y que como tales, la necesidad de interactuar, de sentir a tu especie es algo innato en nosotros. Pero como especie en constante evolución deberíamos pensar en todas esas ausencias como oportunidades. Oportunidad de descubrir y valorar todo aquello que dimos por sentado. Oportunidad de descubrirnos a nosotros delante del espejo.

Te invito a que camines conmigo en este viaje introspectivo fragmentado en una serie de piezas que como un rompecabezas podrás escoger pieza a pieza y decidir dónde colocarlas.

Vuela

Y la niña llora y la imagen en el espejo ya no la reconoce.

Siento como el aire caricia mi rostro. Mi cabello flota y se enreda con el viento. El tiempo se detiene y sólo importa ese instante. Vuelo y caigo. Vuelvo a volar. Vuelvo a caer. Soy feliz. Soy libre. Puedo volar.

Mi falda sube y deja ver mis pantorrilla y noto como el viento acaricia mi piel. Las miradas no importan, los cuchicheos se apagan. Puedo volar.

Me siento libre. Vuelo una y otra vez sintiendo la libertad en su estado puro. Una libertad que sólo la inocencia de una niña puede disfrutar sin las cadenas de la mal llamada madurez. Unas cadenas invisibles que te impiden volar, sentirte libre.

La niña se siente libre , puede volar y aunque sabe que sus pies descalzos volverán a tocar el suelo no importa. Ese instante en el que vuela, en el que siente la libertad absoluta, es un instante de felicidad plena. Un instante sólo para ella, que no tiene que compartir, que no tiene que pedir , que no tiene rogar. Un instante de felicidad que arrebata con un salto y que le arranca una sonrisa mientras las miradas de los adultos se preguntan en qué momento olvidaron.

Y la niña llora porque no la reconoces porque la has olvidado y quiere que vuelvas a sentir la caricia de la libertad. Vuela, te dice, vuela. Las cadenas son invisibles, mírame, estoy aquí.

Reencuéntrate, reconócete. Vuela. Siente como te liberas de las cadenas y salta, salta como cuando eras niña y olvídate de las miradas, del mundo. Siéntelo: el instante, la libertad, el cosquilleo en la piel, el corazón en la boca.

Recuerdo vagamente esos momentos en los que me sentía libre, fuerte, sin limites. No importaba que mi pelo se despeinara ni las miradas. No podían tocarme , estaba en el cielo, yo podía volar y ellos habían olvidado.

Me miro en el espejo y busco a esa niña. Busco ese instante. Miro al cielo y recuerdo que un día podía volar.

Y la niña llora y la mujer busca. La niña te llama y un día, el corazón se agita y tu piel se eriza. Y miras al espejo y ves que la niña siempre estuvo ahí en tu mirada, en la comisura de tus labios cuando te arrancan una sonrisa.

Y la niña te susurra: vuela.

Entrégate

surrenderCalor. Frío.

Con el calor tu piel brilla . El frío la cambia de color.

Ambos te provocan. Sigue leyendo

Esa nada

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Los primeros rayos del amanecer me despiertan mientras mis ojos, doloridos, se niegan a abrirse. Una noche más sin poder conciliar el sueño, horas perdidas en la noche entre vuelta y vuelta en la cama. Sigue leyendo

En 2 pasos: No estamos solos

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Sientes el vacío alrededor, la oscuridad que te rodea, pero no te equivoques, no estamos solos. Sigue leyendo

Inclasificable

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Alzo mis manos mientras mis palabras se alejan con suave movimiento.

Mis ojos, curiosos te buscan. Te encuentran. Sigue leyendo

Hueca

 

muñeca

HUECA.

Un perfecto envoltorio . Una muñeca sin nada dentro. Sigue leyendo

I can´t breathe

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I can´t breathe, there is not enough room here. It´s hot, it hurt , it´s nasty.
I hate the blood taste on my mouth.
I can´t breathe. I can´t see. I can´t escape.

——————————————- Sigue leyendo

Hoy será un gran día

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Esa mañana me levanté con mejor ánimo que días anteriores, algo me decía que aquel iba a ser un gran día o al menos diferente a los tediosos días en los que se había convertido mi vida últimamente. Me dispuse a ir a por mi café de todas las mañanas cuando me encontré con la cafetera vacía y sin reservas. Vaya, parecía que mi instinto me jugaba una mala pasada. Pero no iba a dejar que un simple café me estropeara lo que estaba segura iba a ser un gran día así que me dije, eh, qué gran excusa para pasarme por mi cafetería favorita y conseguir aquel delicioso café que sólo me permitía en contadas ocasiones.

De camino a por mi café me armé de valor e hice, por fin, lo que tanto había deseado hacer durante meses: pedirle una cita al chico más apuesto de la oficina. Cuando llegué a la cafetería además del café me pedí un gran trozo de tarta.  Había que celebrarlo, no todos los días te enfrentas a tus miedos y encima consigues una cita. Esa misma tarde quedaría con él a la salida del trabajo.

Y mientras terminaba aquel delicioso desayuno no podía dejar de pensar en lo maravilloso que me parecía aquel día. Sigue leyendo

Etiquétame. Transmedia, una etiqueta más.

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Vivimos en un mundo al que le gusta poner etiquetas. Nada más nacer te ponen una. En mi caso: mujer.

Venimos a este mundo a ser etiquetados y a etiquetar. Y se trabaja organizadamente en esta fábrica en la que trabajamos todos. Confuso es si no saben cómo etiquetarte, ahí es cuando empiezan las caras raras y los silencios incómodos.

Yo tengo varias etiquetas aunque casi todas generales. Ya sabes, mujer, joven (bueno, ésta con fecha de caducidad), española (para otros catalana) e incluso algunos me consideran escritora.  Sigue leyendo

Si arrancas esta rosa, es tuya…

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Creciste hostil en tierras no fértiles.

Y demostraste que podías sobrevivir aún llena de espinas.

Ni ráfagas de viento,

ni tormentas, ni lluvia de piedras.

Nada podía impedir que lucharas por seguir viva. Sigue leyendo

Play Again

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Play again

Mis dedos pegados al teclado, mis ojos pendientes de la pantalla y el sudor recorriendome las pantorrillas. Play again, me dice el video y mis dedos dan al ok. Sigue leyendo

Queridos reyes Magos

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Queridos Reyes Magos:

Me acabo de enterar de que sois una fantasía. Que ni blanco ni negro que ni camellos ni estrella brillante… Sigue leyendo